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Recital de música y poesía dedicado al grupo cordobés
Con LUIS DEL OLMO (Narrador) , JUANA CASTILLO (Soprano) y ANTONIO LÓPEZ SERRANO (Pianista)
SU COLUMNA VERTEBRAL ERA LA POESfA: SU MÉDULA, UN FILANTRÓPICO SUERO CORDOBÉS: SU ADN, LA PALABRA JUSTA. ERAN CÁNTICO.
Eran un grupo: eran amigos. Tan precisos en sus voces como distantes en sus apegos. Pablo viajaba y Ricardo se apretaba contra el flamenco. SI Julio gustaba de los pinceles y de la vida misma, Juan caía rendido ante la arqueología. Y mientras Vicente apartó al mundo desde el rincón de una taberna aguilareña para escribir con humor su deses­peranza, a Mario sus tierras no lo distrajeron de la pintura.
En común tenían Cántico como grupo y Cántico como revista. Una realidad que no puede distraemos de invocar otras virtudes lnfrecuentes. Se tenían, sin más, como ha dicho alguien, por unos muchachos que en la España de la posguerra vivieron con pasión, admiraron la belleza de su Córdoba y, por encima de todo, amaron la poesía. Pero la verdad es que, poetas sensibles y sinceros como eran, y vitales y crudos y bri­llantes, cálidos y cultos y exquisitos, pertenecían a una rara extirpe: la de los grandes hombres como personas. No encontramos una forma más elocuente de expresarlo ni más sencilla. Porque los cordobeses y el resto de España sabemos que hay que rendlr­se ante las Innegables cualidades humanas que estos formidables poetas ostentaban. La poderosa voz de Luis del Olmo vibra, como nunca, en esta Córdoba a la que tanto debe España y Occidente y en donde se obró el milagro de esta mágica generación.

EL RUMOR DEL CÁNTICO

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