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“Es imposible hacer una buena película sin una cámara que sea como un ojo en el corazón de un poeta”. La máxima se le atribuye a Orson Welles. Es probable que esté contenida en una entrevista inencontrable o en una conversación privada sin fuentes que la acrediten. No importa, siquiera, que no sea el genial director de Ciudadano Kane quien haya expresado de forma tan rotunda y exacta la íntima comunión que exhiben el cine y la poesía, pues la afirmación, de tan contundente, se erige en una verdad que solo la profunda comprensión, la que emana de la sensibilidad estética de un artista, puede concebir.
La frase nos muestra que, más allá de las características intrínsecas de ambas, las artes mantienen entre ellas una línea de continuidad cuyo hilo conductor es la imaginación, el genio, lo humano. La poesía desentierra o inventa lo que no existe, existe en lo que se perdió y en la mirada fugaz de alguien que nunca volveremos a ver o en un harpa arrinconada o en un mercado, y también en la perversión y el hedor. Pessoa la emparentó con la cotidianidad: “En todas las cosas se encuentra la poesía”. En todas las cosas, sí, pero hay que encontrar la palabra exacta o la expresión cabal del objeto.El cine, por su parte, es una forma de arte integral —y principal constructor de nuestro imaginario—que se nutre, como la poesía, de todo lo existente y, como la poesía también, del ideal y de lo desechable, su riqueza de medios expresivos es inmensa, pero está hecho del mismo material. Evocación, realidad, caricatura, ucronías… todo lo plástico —en su sentido más literal— y lo natural alimenta al cine. Su visualidad, a veces, lo confina al rincón de lo trivial; de ahí la necesidad de una mirada atenta, de ahí la receptividad, la sutileza de los ojos.
Los ejemplos son tantos que es casi superficial citarlos. La lectura de un poema más poderoso que nuestra realidad o la película que nos abrillanta los sentidos son, las más de las veces, los mejores antídotos contra la desidia o la indolencia intelectual y emocional. Porque, en un remedo de las palabras de Harold Bloom, para leer o ver sentimientos humanos en lenguaje humano, uno ha de ser capaz de leer y ver humanamente, con todo su ser. La poesía y el cine lo hacen: exigen todo el potencial que albergamos.

POEMAS DE CINE

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